lunes, 15 de octubre de 2018

Xenofobia a los venezolanos.


La gran crisis del estado ha generado la estampida, el éxodo venezolano, producto de involución del siglo XXI, el chavismo-madurismo no solo ha impulsado a los venezolanos a buscar una vida digna en otros lugares, en otros casos los ha forzado, los ha desterrado… hoy este no es el tema.

En los últimos tiempos hemos  visto muchas muestras de rechazo en contra de nuestros compatriotas en distintas latitudes, sobre todo en países que se consideraban como hermanos, desde Panamá hasta Argentina, sin contar algunos casos en el viejo continente; han circulado por las redes sociales videos, fotos o comentarios despectivos contra los venezolanos, lo que muchos han querido denominar como xenofobia hacia los venezolanos, según la Real Academia de la Lengua la definición de xenofobia es: una ideología que consiste en el rechazo de las identidades culturales que son diferentes a la propia, el término xenofobia proviene del concepto griego compuesto por xénos (“extranjero”) y phóbos (“miedo”), pero esto no es totalmente cierto en nuestro caso.

Para llegar a la conclusión de que no existe xenofobia hacia los venezolanos, debemos hacer un ejercicio de memoria y regresar a las últimas décadas del siglo XX, donde no existía la estampida actual y donde los venezolanos que querían emigrar lo hacían bajo voluntad propia y por razones muy distintas a las actuales, veamos… la emigración de finales del siglo XX fue por un lado motivada por el deseo de conocer otras culturas (ver mundo), por mejoras profesionales y en búsqueda de un mejor nivel de vida (no como ahora que se busca la supervivencia), en todos los casos se contaba con ciertas características y en algunos casos privilegios económicos, que donde llegaba el migrante venezolanos era recibido con una alfombra roja (la época del ta´barato dame dos), en las Islas Canarias por ejemplo se nos llamaban los “Grandes Cacaos”, porque veníamos a dejar el dinero y construir parte de estas tierras, aunque el término usado denotaba cierta envidia, se nos trataba como señores (cosa que no era malo en lo absoluto).

Al llegar el títere de Fidel al poder, en ese momento también genero la salida de muchos de Venezuela, pero en este caso fue por la visión del futuro que se avecinaba y lamentablemente llego, este grupo también privilegiado (poseían dinero o segundas ciudadanias) salió a establecerse en otras latitudes, contando con cierto capital para poder establecerse y radicarse donde llegaron, estos tampoco fueron mal recibidos, hoy día son parte importante dentro de sus comunidades, son respetados y queridos, por lo tanto la xenofobia no ha estado presente en estos casos.

La tragedia de Venezuela hoy a empujado a millones sin recursos a salir del país, prácticamente para salvar sus vidas y poder ayudar a los que dejan atrás, la gran mayoría van a pie y sin calzado, donde van llegando son en algunos casos mal vistos, maltratados verbalmente, despreciados  y todo gracias a que no son los venezolanos de antes , ¿cómo se puede llamar a esto?.

Lo que están viviendo nuestros desplazados se llama aporofobia, termino creado por la  filósofa Adela Cortina, hecho a partir de las palabras griegas áporos (“pobre”) y phóbos (“miedo”), el miedo, la aversión y el rechazo a los pobres, es esta la realidad a lo que nos han sumido el régimen venezolano. Al xenófobo le da igual si eres rico o pobre, el más conocido y sonado el de Hitler, mando a todos los judíos que pudo a la cámara de gas sin distinción y esto no sucede (a Dios gracia) con el caso venezolano, solo se  rechaza a los pobres.

Poner nombre a lo que ocurre y no se ve o no se quiere ver es lo que ha hecho la filosofa española, con una realidad que está ahí pero preferimos ignorar: el miedo, la aversión y el rechazo a los pobres que profesan algunos.

Esta cruel realidad vivida día tras día por muchos de nuestros compatriotas tiene responsables, sabemos quiénes son y deben ser castigados, pero eso no sucederá si los ciudadanos no actuamos y despachamos a estos infames que tanto mal han causado, castigar la desdicha de nuestros desplazados, es nuestro deber y por lo tanto debemos actuar.

¡Que hable la calle!.

Fuerza y fe.
Maximo Díaz-Estébanez.
@DiazEstebanez


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