miércoles, 5 de noviembre de 2014

Del mismo cuero salen las correas

Soplan vientos de cambio.  Tiempos de transformaciones.  Ya se nota como sube la marea y golpea las barquichuelas apostadas en la orilla del puerto de las esperanzas que se desvanecen.  Y es que uno puede engañar a todos un tiempo, pero no puede engañar a todos todo el tiempo.  Por eso el título de este ensayo que representa la voz del pueblo de Venezuela que hoy reclama por las promesas no cumplidas.  Se nota un profundo descontento en las propias bases de esta “superestructura” que se tambalea.  Se evidencia como los vicios del sistema, que tanto se cuestionaron en otro momento, hoy se carcomen las cimientes que contienen en sus bases los parásitos de su propia destrucción.  Y es que esa es la herencia de la mal llamada viveza criolla que nos trajo el río de la historia.  Ese oportunismo que nos caracteriza y nos mantiene genuflexos en nuestra propia idiosincrasia.
Las evidencias sobran.  En los distintos  organismos públicos a nivel nacional vemos como se acusan, unos a otros, de haber incurrido en irregularidades, en casos de corrupción, e inclusive se solicitan las destituciones a granel.  En algunos municipios los concejales enfrentados con el alcalde.  En algunos Estados los diputados enfrentados con el gobernador.  A nivel nacional el enfrentamiento entre las distintas autoridades y personalidades del gobierno.  Luego los voceros, representantes de los distintos afectados tratando de justificar una que otra acción.  Pero lo que más llama la atención es que todos son caimanes del mismo pozo.  Lo que da a entender que esta surgiendo una disidencia desde adentro y desde los mismos grupos se están atacando. Esto como producto, como resultado, de que las roscas de hoy no son más que un reflejo de las roscas de ayer.
Jean Maynaud (1960) en una oportunidad señaló que el poder no corrompe que lo que corrompe es el entorno y se corrompe el espíritu mediocre del que detenta el poder.  Traigo a colación esta idea porque uno puede pensar que quienes logran detentar un cargo significativo, y muy particularmente en el caso de la administración pública, olvidan que en el fondo el poder no es para humillar, para vejar, sino para brindar protección, apoyo, a los mas desvalidos en algunos casos, pero en el colectivo en general es para servir.  Es decir uno se transforma en un punto de apoyo y una palanca para mover, claro en sentido figurado, el mundo a favor de un conglomerado significativo que no tiene otro recurso y otro argumento sino recurrir a quien cree, piensa que le puede resolver su situación en particular.  De modo que mal puede uno aprovecharse de esa coyuntura para beneficio personal y de unos allegados y olvidarse de ese gran colectivo que fue quien depositó ese poder, esa voluntad general, directa o indirectamente, en nosotros para salvar a través de un intermediario lo que a una mayoría no le es  tan fácil alcanzar sin utilizar la fuerza y la violencia.
Sirva esta reflexión para reconocer que los liderazgos se hacen, se forjan, pero no se imponen.  De lo contrario notaremos el descontento emergiendo de las entrañas de quienes sienten que se les niegan las oportunidades y que la tan cacareada igualdad no es más que una bandera del desaliento.  Un símbolo de la democracia es la alternabilidad en los diferentes puestos. Cuando una posición no sirve para brindar soluciones sino para crear problemas existe una profunda falla que se resuelve con la sustitución o destitución de quien la ocupa. Y esto es válido para cualquier cargo en cualquier organismo o  institución tanto pública como privada. Las pasiones no gerencian e impiden tomar decisiones acertadas que redunden en beneficio de un colectivo. De lo contrario notaremos entonces como del mismo cuero salen las correas.

#CambioUrgente

Fuerza y Fe.
Máximo Díaz-Estébanez Linares
Coordinador Voluntad Popular Islas Canarias
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